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4 julio, 2016

Cada quien en su lugar

Nueva agresión racista en centro comercial de Lima expresa las formas cómo se construye jerarquías de la discriminación.

Nueva agresión racista en centro comercial de Lima expresa las formas cómo se construye jerarquías de la discriminación.

Rosa Cabanillas es consultora, ha brindado servicios en la Universidad ESAN y es racista.

Aunque en su defensa ha manifestado que es víctima de racismo al revés y que todo es una campaña en su contra y que ella es la agraviada, su testimonio es elocuente y habla por sí sólo de una mentalidad y lógica racista.

El incidente se produjo por la disputa de una silla en el patio de comidas de Tottus del Jockey Plaza en el distrito de Surco, durante el cual la referida señora golpeó al bebé de la agraviada, una señora indígena.

En declaraciones brindadas a un canal de tv local, la señora Cabanillas manifestó “si hubiera ido al Tony Roma’s en la vida hubiera pasado estas cosas” ¿Qué quiere decirnos con esto? En primer lugar hasta donde sabemos este establecimiento, que es una franquicia norteamericana, no se reserva el derecho de admisión, cosa que es un delito en nuestro país, así que el asunto no va por este lado. En segundo lugar sus platos no son muy económicos, dependiendo del bolsillo desde donde se mire, a diferencia de lo que sucede en un patio de comidas, así que la argumentación o explicación de la señora Cabanillas va por ese lado: lo económico es un filtro para que cada quien ocupe su lugar.

>Esto plantea una asociación entre recursos económicos y color de piel, pues en su misma declaración, la señora Cabanillas se queja, manifestando “yo qué culpa tengo de que mi mamá y mi papá no sean de un tono más oscuro y no es poca la gente que a mí me discrimina” “me dicen platuda”.

La expansión y accesibilidad a los centros de consumo ha modificado los comportamientos sociales: el centro comercial como espacio familiar de recreo y consumo, pero no ha modificado en nada las estructuras mentales de rango y jerarquía, es más, las han agudizado por aproximación. No es pues casual que casi todos los incidentes raciales se hayan producido en zonas de comercio: tiendas y centros comerciales.

El uso de expresiones racistas como “serranos” y “cholos” o “de no sabes con quien te has metido” son la manifestación del profundo malestar ante la presencia indígena. Dentro de los esquemas mentales de gran parte de la sociedad, los indígenas ocupamos un lugar específico: el de la pobreza y la marginalidad y es ahí donde deberíamos estar. La realidad pareciera corroborar esta percepción si nos quedamos en una mirada corta y sin crítica, de ahí que, igualmente para gran parte de la sociedad, la Paisana Jacinta no sea asumida como un estereotipo denigratorio de la mujer indígena.

Las lógicas mentales de la señora Cabanillas no son expresión de una mentalidad retrógrada o ignorante, todo lo contrario. Es la expresión de la manera como se ha conformado y funciona nuestra sociedad, en donde el mercado lejos de aminorar o regularizar las contradicciones mediante la creación de imágenes de emprendimiento y progreso persona, no hace más que aglutinar expectativas que necesitan ser asumidas por el Estado.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial – CERD, de las Naciones Unidas, recomendó a nuestro Estado emprender acciones educativas a todo nivel contra el racismo. De hacerlo, consideramos, la asociación entre color de piel y prestigio sería efectivamente un rezago del pasado.

Finalmente, hemos utilizado adrede el término de “incidente” tal cual ha sido usado en diferentes medios y tal cual es asumido por el sistema legal, cuando en realidad es un delito. Esperamos en este sentido que los actos racistas finalmente sean tipificados en su amplitud como lo que son: delitos y crímenes que minan lentamente a largo plazo, no sólo la integridad física y mental de las personas, sino de toda nuestra sociedad.

Foto: El Comercio / Video: PerruchoTV