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Jóvenes predicen un futuro incierto para las lenguas indígenas

Usan idioma materno para confraternizar en su ámbito familiar y como un arma para enfrentar la discriminación en el espacio público.

Foto: Bruno Takahashi

De las 49 lenguas que se hablan en el Perú, 47 de ellas son indígenas. No obstante, la migración masiva desde el campo a la ciudad, la discriminación y falta de oportunidades para ejercer una ciudadanía plena hablando una lengua indígena, son algunos de los motivos por los cuales muchos padres prefieren no transmitir su lengua materna a sus hijos.

En casos extremos, este conflicto lingüístico ha causado que los niños hispanohablantes no puedan comunicarse con sus abuelos monolingües que hablan lenguas originarias. Más allá de afectar los lazos familiares y comunitarios y acelerar la renuncia a la identidad étnica, se ha puesto en peligro la transmisión intergeneracional de conocimientos ancestrales y cosmovisiones codificadas en estas lenguas.

Aunque el bilingüismo o el multilingüismo, a nivel mundial, son incluso más comunes que el monolingüismo, en el contexto peruano persiste una ideología que coloca el hablante bilingüe en castellano y una lengua indígena en una situación de inferioridad. Se piensa que hablar una lengua indígena es incompatible con hablar “correctamente” el castellano o aprender el inglés u otra lengua extranjera, es decir, que es necesario rechazar la lengua indígena para aprender otra que goza de mayor prestigio social.

En un estudio apoyado por CHIRAPAQ que se realizó en la ciudad se Ayacucho en la sierra peruana, se entrevistó a un grupo de jóvenes indígenas bilingües sobre la realidad sociolingüística y el uso y la importancia del quechua. En sus comentarios, los jóvenes representan el quechua como una lengua más expresiva y poética que el castellano y lo vinculan con la familia, la comunidad y los amigos, así como con los valores que se atribuyen a estos grupos como, por ejemplo, la hermandad, la colectividad, la confianza y la nostalgia.

Los jóvenes señalaron que hablan quechua más constantemente en ámbitos de comunicación familiar o íntima como, por ejemplo, en la comunidad de origen, el hogar y la organización indígena. En un contexto bilingüe urbano, el quechua se emplea principalmente para fortalecer lazos interpersonales y se usa en prácticas expresivas, simbólicas e identitarias como saludar, insultar, bromear y coquetear etc. Si bien los jóvenes cuentan que el quechua se habla a veces en ámbitos públicos como la universidad, el trabajo, las reuniones de la sociedad civil y redes sociales, se alude constantemente a que en estos espacios hay personas que discriminan y otras que no hablan porque se avergüenzan del quechua.

En cuanto a la vitalidad del quechua, si bien el quechua cuenta con más de tres millones de hablantes en Perú, los jóvenes predicen un futuro incierto para el quechua. Las expectativas pesimistas se fundamentan en la castellanización gradual del quechua, el número reducido de hablantes, la discriminación lingüística, la falta de identificación con esta lengua y la evidencia del corte de transmisión intergeneracional en el ámbito familiar. Los jóvenes se refieren constantemente a sus familiares y amigos que no hablan quechua porque no quieren o porque no saben.

Por otro lado, las perspectivas optimistas se fundamentan generalmente en la persistencia de la lengua a pesar de quinientos años de opresión. A pesar de las diferencias en las expectativas, se comparte el deseo de que se revitalice el quechua y se coincide en que la responsabilidad de mantener y revitalizar el quechua recae principalmente en los hablantes mismos. Cuando se preguntó si los jóvenes irían a transmitir el quechua a sus hijos se expresó, por un lado, la preferencia por el quechua, y por otro, la necesidad y la utilidad de transmitir el castellano.

Sobre la relación de la identidad étnica y la lengua originaria, los jóvenes tienen posiciones muy diferentes. Mientras unos ven el dominio de la lengua originaria como un criterio necesario para identificarse como indígena, para representar legítimamente a los pueblos indígenas y vivir plenamente en la cultura indígena, otros priorizan características identitarias que uno “lleva dentro” y consideran la lengua originaria más bien como una herramienta estratégica para afirmar la identidad.

En efecto, aunque los jóvenes indígenas urbanos no usen constantemente el quechua en su vida diaria, en las entrevistas los jóvenes expresan orgullosamente que -gracias a diferentes procesos organizativos de afirmación de la identidad- han logrado superar la vergüenza asociada al quechua y, en la actualidad, se atreven a hablarlo en público así cuestionar y enfrentar la discriminación: “ahora yo sí hablo el quechua en la calle y la gente me mira y yo me siento más orgulloso en vez de avergonzarme”.

Desde CHIRAPAQ, en el marco del Día de la Lengua Materna, hacemos un llamamiento a construir un mundo respetuoso a los derechos lingüísticos y la diversidad lingüística, donde nadie sea rechazado por usar su lengua materna y expresar su identidad cultural.