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8 abril, 2014

Los mecanismos de nuestro humor

En su clave de humor, “La Paisana Jacinta” termina por ser el reflejo de la mentalidad de nuestra sociedad.

Por Newton Mori / CHIRAPAQ.

En su clave de humor, “La Paisana Jacinta” termina por ser el reflejo de la mentalidad de nuestra sociedad.

Se vienen dando opiniones encontradas en relación al programa “La Paisana Jacinta” que Frecuencia Latina ha repuesto en horario estelar. A diferencia de hace más de una década, las discrepancias sobre su emisión tienen amplia cobertura y se prolongan especialmente en las redes sociales como un espacio natural, en donde el anonimato da rienda suelta a lo que no se podría sostener de manera abierta.

No es el caso analizar los contenidos y lo que reflejan estos comentarios, sino por qué tiene arraigo el programa y no desata un amplio rechazo en la ciudadanía.

Y esto sucede, en primer lugar, porque empata con códigos socialmente “aceptados” con respecto a los pueblos indígenas. Códigos que no son de hoy, sino de siglos atrás y que se han ido asentando en nuestra sociedad con el único fin de construir una imagen del indígena como ajeno a la sociedad, como alguien incapaz de articularse a ella, en definitiva… una amenaza.

En segundo lugar, por un sentimiento de minusvalía, ante lo cual se hace necesario edificar un otro que se convierte en el depositario de lo que somos pero no queremos ser, en una suerte de chivo expiatorio al cual cargarle todos nuestros complejos para exteriorizarlos, para colocarlos fuera de nuestro ser y de esta manera exorcizarlos.

Ahora bien, ofreciendo el beneficio de la duda, no es el caso decir que el programa en cuestión sea una construcción adrede y mal intencionada diseñado con la finalidad explicita de reforzar la relaciones de dominación y de jerarquía entre lo urbano y lo rural, entre la modernidad y la tradición etc.

No. El problema radica en que “La Paisana Jacinta” recoge el lenguaje y la construcción figurativa que se ha hecho desde la sociedad dominante con respecto a los pueblos indígenas. Es por esta razón que no resulta chocante para una gran mayoría de la sociedad, ni para los directivos del canal y sobre todo –y aquí está el nudo del asunto- de los anunciantes.

Por qué un programa se sostiene. Por el raiting. Si lo tiene los anunciantes colocan y cotizan muy bien durante el espacio de emisión, sino, no vende y si no da réditos sale inmediatamente del aire.

Así de simple, el programa se mantiene y lo mantienen, no por una cuestión de principios, de creer en lo que hacen, como propuesta –equivocada o no-, sino como beneficio económico, es decir, lo indígena vende… pero vende como sujeto de burla y escarnio.

De la confluencia entre beneficio económico amparado en imágenes socialmente aceptadas, es la forma como ha sido construido nuestro país, pues en definitiva, reducir la imagen y diversidad de los pueblos indígenas a un conjunto mínimo de características fue la labor del poder colonial y republicano con la finalidad de negarnos derechos, de apropiarse de nuestra fuerza de trabajo, de nuestros conocimientos de arrancarnos de nuestros territorios.

No es pues un complejo de inferioridad lo que mueve a rechazar este programa, y -con el- a todas las representaciones que reducen a clave de “humor” el ser y presencia de los indígenas, de lo cual está plagado nuestra televisión nacional.

Sin embargo, “La Paisana Jacinta” no puede equipararse al resto de programas que representan o cuentan con personajes indígenas. En este programa en cuestión se construye un mundo en sí mismo, que no es la realidad palpable de nuestro país, sino representada de nuestra sociedad, no es por tanto una parodia, ni tampoco la paisana se representa a sí misma. En su clave de humor termina por ser el reflejo de la mentalidad de nuestra sociedad que se refuerza en su cosificación del otro, que se celebra en su hegemonía y por eso mismo, lo ve como amenaza en la construcción de un todo colectivo e inclusivo, pues los indígenas siempre seremos los otros, la amenaza, el factor desestabilizante, quienes impedimos el progreso.

Y esto se ve refrendado en la realidad con la negación de nuestros derechos, del reconocimiento de la diversidad y amplitud de los pueblos indígenas, por esta razón, pedir el retiro del programa será un importante paso pero no se solucionará el problema del racismo, que podría caer en el vacío si desde el Estado no se inician un verdadero cambio en nuestras mentalidades para vernos todos y todas en el derechos se vernos con dignidad y respeto.

Foto: Frecuencia Latina.