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10 diciembre, 2016

Los retos para una humanidad con derechos

Combatir el racismo es un requisito para alcanzar el horizonte que trazó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Foto: Rick Bajornas/ONU

Este sábado 10 de diciembre se cumplen 68 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 217 A (III), el 10 de diciembre de 1948 en París.

Los 30 artículos de la declaración concretan los principios básicos y necesarios para la continuidad de nuestra especie. De esta manera, se inició un proceso que, en la actualidad, resulta todavía muy difícil de seguir. Incluso, en muchos lugares de mundo, existen graves dificultades para siquiera iniciarlo.

¿Qué hace que sea tan difícil hacer realidad una humanidad con derechos? El poder y el control de recursos. Ambos elementos resultan claves en la historia de la humanidad. En ellos se hallan los gérmenes de la discriminación. A partir de ahí, en mayor o menor grado, cada sociedad ha puesto en práctica mecanismos para doblegar a sus semejantes, apelando precisamente a anular esa semejanza.

Lo que en la antigüedad se justificaba a través de mitos y leyendas, a partir del siglo XIV se constituyó en un conjunto de conocimientos y evidencias aparentemente biológicas, que en el siglo XVIII darían nacimiento al racismo científico que terminaría por consolidar una ideología de la diferencia y de la negación del otro, del diferente.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un hito trascendental en la historia de la humanidad, al consagrar la igualdad como una necesidad. Sin embargo, ha habido poca reflexión y difusión sobre las circunstancias estructurales que le dieron origen y objetivo, y esta razón es el racismo, como ideología capaz de destruir a la humanidad.

La Declaración nació cuando el mundo occidental despertó ante el horror de su propia destrucción. El racismo era un instrumento de poder y gobierno utilizado por las grandes potencias en los países coloniales. Sin embargo, la Alemania Nazi lo empleó como medio de dominación en las metrópolis, dentro de los mismos grupos de poder, incluso ampliando su influencia y legitimando su accionar en otras naciones llamadas “civilizadas”.

Entonces, el principal problema para implementar la Declaración es que, si bien señala las condiciones fundamentales para preservar la vida y garantizar el desarrollo material y espiritual, no se orienta a superar el problema estructural del racismo. Los caminos para invertir esta situación concreta se dejan a otros instrumentos, que en la práctica no tienen el impulso ni la visibilización de la Declaración.

mujeresindigenas

Los informes no pueden ser más alarmantes: en el mundo se incrementan exponencialmente el odio racial de la mano de regímenes democráticos de derecha, los conflictos armados con tintes genocidas, la desnutrición y muerte entre pueblos y grupos humanos específicos, la exaltación del miedo a los migrantes… El común denominador de los informes sobre los desafíos a los derechos humanos es el sujeto que es víctima dentro de cada sociedad: el diferente, el subordinado y el foráneo.

Desvincular la Declaración Universal del contexto y estructura que le dio origen la ha hecho más vulnerable en su implementación, pues pese a que se haga toda la difusión y propaganda sobre la necesidad, importancia y valía de la vida, en la práctica, la vida no es valorada por igual dentro de todas las sociedades a nivel mundial, pues unas valen más que otras, unos tienen más derecho a tener mayores derechos que otros. El mecanismo que sustenta estas diferencias y demasías es el racismo.

Es ahí donde los pueblos indígenas encontramos el principal desafío para el reconocimiento de nuestro ser y nuestros derechos, pues estos son vistos al margen de la Declaración y no como un desarrollo necesario e importante de esta. Es por esta razón, que dentro de nuestras sociedades se reconoce la importancia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero a nosotros no nos consideran como parte de esa humanidad.

Combatir el racismo, e instaurar en la mente de la humanidad la igualdad desvinculada de cualquier jerarquía de poder será el primer requisito para hacer efectiva la Declaración, esta vez sí universal, pero sobre todo, como el logro de superar la historia violenta que compartimos como especie.

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