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19 agosto, 2014

¿Por qué Jacinta?

CHIRAPAQ aclara acusaciones en su contra sobre reporte elevado a la ONU en relación a “La Paisana Jacinta”.

Foto: DIFUSIÓN

El informe que CHIRAPAQ, Centro de Culturas Indígenas del Perú, presentó a la ONU sobre “La Paisana Jacinta” desató en las últimas dos semanas una serie de críticas y cuestionamientos a nuestra asociación tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales.

Hemos recopilado a continuación los comentarios y preguntas más frecuentes con el fin de esclarecer nuestra posición.

¿Por qué protestar solo contra “La Paisana Jacinta”?, ¿Qué ocurre con personajes como “La Chola Chabuca”, “Puca”, “La Mamacha” o “La Pánfila”?

Cada una de las representaciones mencionadas contiene, en mayor o menor grado, estereotipos. Sin embargo, en “La Paisana Jacinta” encontramos todas las representaciones e imágenes denigratorias contra los pueblos y mujeres indígenas.

Al abordar el caso de “La Paisana Jacinta” lo hacemos por representar un caso paradigmático, debido a

– Su popularidad, que de manera indirecta permite evidenciar el racismo y su plena vigencia en nuestra sociedad.

– A través de su cuestionamiento se puede abrir el debate sobre las representaciones sociales y simbólicas referidas a los indígenas y el diseño de políticas públicas más contundentes para combatir el racismo y dignificar la imagen de los pueblos indígenas.

¿Y por qué no protestan contra programas como “Esto es Guerra” y “Combate” que también denigran a la mujer?

CHIRAPAQ es una asociación indígena y, como tal, tiene un especial compromiso con la mujer, la niñez y la juventud andina y amazónica y en ellos se centra nuestra lucha.

Consideramos que corresponde a las organizaciones de mujeres, y a los televidentes, manifestarse a su vez por los programas mencionados.

¿Y qué con “Al Fondo hay sitio”, que se burla de la familia ayacuchana?

Este caso es un claro ejemplo de una parodia porque lleva al extremo las observaciones sobre la realidad. La serie tiene una mayor diversidad de personajes con características comunes tanto en “ricos” como en “pobres” o “provincianos”.

Los complejos y defectos se encuentran por igual en ambos lados. El origen ayacuchano no es el centro de la parodia o del chiste.

¿Y los estereotipos de belleza con gente de tez blanca en todos los comerciales de televisión?, ¿por qué no luchan contra eso?

Ya nos hemos manifestado en múltiples ocasiones que la televisión y la publicidad no reflejan nuestra diversidad cultural y fenotípica y asocia felicidad y éxito a la tez clara.

¿Acaso su familia, hijos o amigos no ven “La Paisana Jacinta”?

Si, y se ríen y disfrutan, como se ríen y disfrutan con los golpes e insultos de otros programas humorísticos.

¿Es esto validar estos programas?, ¿el gusto o la popularidad es una forma de validar algo? Si es así, hace mucho tiempo la pena de muerte imperaría en nuestra sociedad y golpear a una mujer estaría plenamente justificado.

El no tener consciencia sobre un problema y las maneras en cómo este se manifiesta y presenta, y no tener una posición crítica y de reacción de protesta, son indicadores de que se necesita mayor educación e información.

¿Solo están en contra de que sea un hombre quien represente a una mujer andina?

No. El travestismo en el humor es un recurso muy antiguo y válido. El problema en este caso es el tipo de representación racista que se hace de la mujer indígena.

Los que protestan contra el programa “La Paisana Jacinta” son serranos acomplejados. Se están autodiscriminando.

Al contrario. Los acomplejados son quienes no protestan y asumen una posición pasiva. Levantar la voz y señalar un problema requiere de un gran esfuerzo en sociedades como las nuestras en donde se nos enseña a obedecer y aceptar lo que dice la mayoría.

“La Paisana Jacinta” es solo una caricatura, una parodia.

Pero termina representando o siendo identificado con todas las indígenas. No parodia a alguien en específico como puede ser la caricatura de un político o artista con nombre propio. “La Paisana Jacinta” es un personaje que se construye sobre los estereotipos racistas atribuidos a los indígenas. Ser pobre, ignorante, sucio, feo.

“La Paisana Jacinta” al final deja un mensaje positivo y apela a la conciencia cívica.

¿De qué sirve luego de todo lo que presenta y representa? ¿No sería mejor hacer todo un programa positivo y no solo dejar este segmento al final con la “moraleja”?

Es una representación de la realidad. En las calles vemos a mujeres andinas, sucias y pobres, pidiendo limosna.

¿Por qué estas mujeres llegan a esta situación de empobrecimiento? ¿Son culpable ellas de su situación? ¿Es solo este grupo quienes representan a todas las mujeres indígenas? pues NO.

¿Y las mujeres indígenas empresarias, académicas o agricultoras? ¿Las que viven en su comunidades siendo el sustento y columna de sus familias y pueblos? ¿Por qué esta parte no es representada? ¿Acaso la pobreza se presta más para la burla o genera personajes de quienes reírnos más?

¿Por qué hablan de indígenas si todos somos cholos y mestizos?

La denominación de cholo y mestizo pretender ser identidades sustitutorias para lo indígena.

Lo indígena denomina a todos estos procesos de construcción de identidad a partir de lo indio colonial, como base y núcleo cultural. De tal manera el serrano, provinciano, paisano, campesino, comunero, rondero, cholo y mestizo terminan siendo comprendidos dentro de lo indígena.

En nuestra sociedad se privilegia la parte occidental para establecer una diferencia y distancia con lo indígena. Nosotros privilegiamos la parte originaria o de herencia nativa para incluirlo dentro de lo indígena.

Las parlamentarias andinas no hacen nada en el Congreso.

Ellas han llegado por sus méritos y con un electorado diverso. Corresponde a ellas responder estos cuestionamientos.

¿Y qué pasa con los andinos y provincianos que les gusta “La Paisana Jacinta”? Son ellos quienes ven más el programa.

No se identificaran como indígenas y no se sentirán identificados con “La Paisana Jacinta” y lo que representa. No afirmaran su identidad, se sentirán más cómodos identificándose como mestizos. Abandonarán las costumbres y arraigo con sus comunidades al identificarlas como el atraso, lo pobre, lo feo y miraran hacia a fuera, hacia lo urbano, lo supuestamente moderno.

Los programas de televisión no tiene la culpa. El racismo se aprende en casa.

El racismo se aprende en sociedad y cada elemento o componente de la sociedad cumple un rol en su aprendizaje, reproducción, afirmación y legitimación.

Es en la escuela, familia y el entorno social en donde se aprende los fundamentos del racismo, los medios de comunicación lo reproducen y afirman y el estado lo legitima no haciendo nada por erradicarlo o no educando para su identificación.

La elección de ver o no el programa recae en los televidentes. Ellos son libres de decidir. Si se sienten ofendidos, no lo vean.

Nosotros como ciudadanos e integrantes de una sociedad estamos en el legítimo derecho de expresar nuestra disconformidad frente a lo que consideramos denigratorio.

Nos sentimos afectadas, y tenemos el derecho de expresar nuestro malestar, de presentar alternativas y de reclamar ser escuchadas.

Frente a nuestra posición deben haber voces discrepantes y surgir el diálogo y el debate y no escudarse en la popularidad del programa.

Protestar contra un personaje como “La Paisana Jacinta” atenta contra la libertad de empresa y la libertad de expresión.

Existe una delgada línea entre la libertad de empresa y expresión y la dignidad y la honra de la persona.

Frente a estas situaciones, una sociedad democrática da paso al diálogo y se escuda frente al poder que se detenta, la democracia permite discrepar y no estar de acuerdo para dar paso al diálogo y al entendimiento.

Lo que ha puesto en evidencia este proceso de cuestionamiento a “La Paisana Jacinta”, es todo lo contrario. La intolerancia y el racismo se escudan en estas libertades.

¿Por qué no utilizan su tiempo en algo más útil?

CHIRAPAQ, trabaja desde hace más de 25 años por la afirmación de la identidad cultural y el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas.

Esta lucha la llevamos a cabo a través de una serie de propuestas que abarcan desde la soberanía y la seguridad alimentaria, hasta el empoderamiento de la mujer, pasando por la educación y la salud intercultural, y la preservación del saber ancestral, entre otros.

La denuncia contra este programa solo tiene como fin contribuir al desarrollo de una imagen digna de nuestros pueblos.