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25 enero, 2021

Racismo al paso

El racismo se ventila libremente por las calles en tiempos de pandemia

Los murales vienen a constituirse en el arte urbano más significativo de fines del siglo XX e inicios del XXI. Su intencionalidad política es clara y su intención artística evidente, de ahí que a nivel mundial su valoración varía de acuerdo a las críticas de los expertos o su efecto movilizador en la población.

Artistas urbanos (o colectivo de artistas) como el británico Banksy generan polémica, tanto por el contenido de sus intervenciones, como por las cifras millonarias a las cuales se vienen cotizando sus obras (por lo general paredes de casas y edificios que han sido arrancadas por los marchantes de arte).

En nuestro país, artistas como Entes y Pesimo, tienen una larga trayectoria y no pocas veces han sufrido racismo, discriminación y sus obras destruidas, como lo ocurrido durante la última gestión de Castañeda. En estos momentos, los actos vandálicos contra el mural de Inti Sotelo y Bryan Pintado (jóvenes asesinados durante las movilizaciones de octubre), es un buen ejemplo del impacto político y social de los murales en los imaginarios sociales.

El fin de semana, el Colectivo Shipibas Muralistas, a través de sus redes sociales, dio a conocer un nuevo caso de racismo. Milka Franco, integrante del colectivo, relató la manera en la que fueron agredidas verbalmente un conjunto de artistas shipibas por una transeúnte en las calles de Barranco, en momentos que las artistas se encontraban pintando en la fachada de su taller, sito en Jr. Domeyer cuadra 1 (bajada de baños) en el distrito de Barranco. Las expresiones proferidas por la transeúnte, son una muestra, una vez más, de los códigos racistas interiorizados en nuestra sociedad:
“De sus comunidades traen virus”, “están contaminando a la gente”, “ustedes son animales que no merecen estar en Barranco”, “están malogrando las paredes” Nuevamente encontramos la delimitación del espacio por el racismo, en este caso Barranco ¿por qué las artistas shipibas no merecen estar en Barranco? Es sabido que Barranco es preferido como residencia de artistas, sin embargo, siendo las mujeres shipibas artistas y establecer un taller para realizarlo ¿por qué no merecen estar en Barranco? Obviamente, por ser indígenas.

Esta idea se encuentra legitimada por las expresiones de otredad: son de
comunidades, de un espacio lejano y ajeno a la modernidad, en la frontera con la civilización, de ahí a ser consideradas como animales hay un paso. La delimitación de los espacios geográficos ha jugado un importante rol de la gestión política y uso económico de nuestro territorio, es por esta razón que en los discursos político/económicos las industrias extractivas “traen” o “llevan” el desarrollo a “esos” lugares y en donde los derechos son un obstáculo, es por esta razón que la población de estos espacios son, en el imaginario social, como salvajes, brutos e ignorantes del progreso… en definitiva son vistos como animales.

Esto último se contextualiza en la amenaza o miedo en esta coyuntura: la pandemia. Es por esta razón que la amenaza de esa otredad en este momento es el virus “están contaminando a la gente” y que va acorde con los imaginarios sociales presente a nivel mundial: la amenaza es el otro, el extraño, la culpa es de quien se encuentra fuera de ese nosotros y esta es la razón del fortalecimiento de la xenofobia y racismo que se evidencia a diario a nivel mundial.

Finalmente, si las artistas shipibas son vistas como agentes vectores del virus, y su otredad indígena las coloca al margen de lo que la sociedad considera “aceptable”, sus artes y expresiones no vienen a contribuir a darle color y vida a las paredes, sino a malograrlas.

Estas expresiones racistas, lejos de ser anecdóticas, ponen en evidencia nuevamente las estructuras sobre las cuales se ha conformado nuestra sociedad. Si bien es cierto ha sucedido en una calle barranquina, su discurso se encuentra presente en las políticas económicas de nuestra sociedad y en cómo es percibido los espacios y las políticas sobre la diversidad.

A meses de conmemorar nuestro Bicentenario, hay poco que celebrar y sí mucho de qué preocuparnos ¿Cómo construimos un nosotros y nosotras inclusivo y horizontal? ¿Cómo deconstruir el racismo en nuestro país y sociedades? ¿Cuál es el compromiso del Estado? ¿Qué proponen las candidaturas a la presidencia en este 2021? El racismo anda hondo y orondo, paseándose a tiro de piedra, pero gran parte de la población ya se encuentra dispuesta a devolver el golpe ¿Qué hacer?