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18 junio, 2012

Una experiencia de participación política desde los jóvenes indígenas

Más de 40 jóvenes líderes indígenas se congregaron en Ayacucho para reflexionar su posición frente a la educación, la salud y la cultura.

Lo usual y típico, a la gran mayoría de jóvenes, es cuando le hablas de política; se les frunce el ceño y comienza a hablar sobre lo mal y despiadado que puede ser el quehacer de los congresistas, la trayectoria zigzagueante de un presidente o lo corrupto que pueden estar los partidos políticos tradicionales. Es casi un deber (y una obligación) nacional despotricar de la política institucionalizada, partidarizada y estatal del Perú. Pero hay indicios -y buenas razones- para pensar que las cosas están cambiando, tanto en el plano discursivo como en el plano de las acciones.

Más de 40 jóvenes líderes Ashaninkas, Shipibos, Cacataibos, Yaneshas, Awajun, Shawi, Quechuas y Aymaras se reunieron en la provincia de Huamanga (Ayacucho) del 22 al 24 de mayo, en el Taller Nacional “Tejiendo la Articulación de Jóvenes para la Defensa de los Derechos como Pueblos Indígenas”, para discutir desde su especificidad de jóvenes e indígenas, los problemas que le aquejan, reflexionar sus acciones, sus compromisos regionales en materia de educación, salud y cultura, los desafíos que les presenta el contexto actual y la potencialidad de estar unidos en una red nacional.

Hablaron con “el corazón en la mano” –como escuchamos decir a un joven Quechua- sobre sus problemas más cotidianos como grupo generacional hasta como está la política nacional sobre pueblos indígenas, la ley de consulta previa y los impactos de las industrias extractivas en sus territorios. “El camino de los jóvenes indígenas es que nuestras voces sean escuchadas y que se hagan parte de las políticas nacionales, no puede ser que solamente nos utilicen para la foto o para el evento en Lima, seremos únicamente si somos nosotros…” –exclamo un joven líder Cacataibo de Ucayali- .

Los jóvenes indígenas alrededor de 957 007 y representan el 15,7% del total de jóvenes peruanos. De total de ellos, 777 654 jóvenes, tienen como lengua materna el quechua, 106 068 quienes tienen como lengua materna el Aymara, 20 855 el Asháninka y 52 430 se dividen entra las lenguas que se hablan en el territorio nacional (Censo INEI 2007). Son jóvenes nacidos entre finales de los 1980 y inicios de los 90, décadas nefastas de antipolítica, devaluación moral y violencia política, Son jóvenes que les vendieron u ofertaron el mensaje que hacer política era “malo”, era “cosa de ociosos”, que mejor era preocuparse por sí mismo y el mundo: nada. Pero era otro el mensaje que trasmitían ellos, con intuiciones y sueños, por condicionantes internas o externas afrontaron el difícil paso de la inmovilidad social al reto de construir ciudadanía desde la especificidad de ser jóvenes e indígenas.

No es poca cosa entonces, el potencial de influencia que pueden ejercer en sus comunidades, “llegar con ideas nuevas y conceptos que pueden unirnos” –advirtió, un líder shipibo-. La gran avalancha de preguntas y posibles respuestas invadieron el taller: ¿quiénes somos indígenas?, ¿cómo afirmamos nuestras identidades? , ¿cómo podemos hacer para ganar espacios en nuestras organizaciones? Era tangible su empoderamiento en cuestiones políticas, son jóvenes preparados, profesionales –muchos de ellos- que desde su localidad, organización, base, comunidad hacen un esfuerzo en coordinar propuestas nacionales a pesar de la nula o poca disposición de los agentes estatales, regionales y locales.

Las principales preocupaciones de los jóvenes indígenas son: la pérdida de identidad cultural, como elemento fundante de su desarraigo y que se manifiesta por la poca disposición política de luchar por sus intereses; el débil empoderamiento de la mayoría de los jóvenes indígenas, les interés poco estudiar su propio devenir como cultura; la miopía política de los gobiernos locales en ver en ellos aliados estratégicos para procesos de desarrollo local; la ausencia de espacios juveniles de discusión o la excesiva partidarización de ellos y una preocupación final en palabras de un integrante juvenil “se reúnen, nos reunimos, hacemos bonitos diagnósticos y cuadros lógicos, partimos que necesitamos confluir, pero al mes no tenemos sostenibilidad, nos llevamos por el entusiasmo, pero no somos sostenidos…no tenemos voluntad política, nos falta…”

Los tiempos cambian, y ellos no son la excepción; las dudas, pensamientos y sentimientos, se trasforman en entusiasmo colectivo. Se coincidió en la idea de coordinar y crear una red de iniciativas para dar paso a un futuro organismo que reúna a los jóvenes indígenas. Fue construir de manera participativa y lúdica, nuestra visión y misión bajo las preguntas: ¿qué queremos lograr como jóvenes indígenas?, ¿qué hacemos, qué debemos hacer?; ¿cuál será el horizonte de nuestras acciones como jóvenes y pueblos indígenas?

Finalmente se concluyó con la firma de una carta de compromiso, para que ellos ratifiquen en el tiempo, sus principios: la creación de una red de jóvenes indígenas; replicar en otras organizaciones esta propuesta y construir una plataforma juvenil. Risas y abrazos de compañerismo sellaron la reunión. Tania Pariona, líder indígena quechua, resume el sentir de este encuentro con el siguiente mensaje “porque seamos los pueblos con voz propia, quiénes desarrollemos nuestros sueños y hagamos las grandes transformaciones”.